En esta sección hemos puesto un resumen de algunos testimonios que están publicados en Internet, de personas que han pasado por 100 y Aldabó y han contado sus vivencias en esta macabra prisión.
"Marcos Lázaro Torres León fue liberado el pasado tres de enero, luego de once días confinado en una de las celdas tapiadas del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), sito en las calles capitalinas 100 y Aldabó del municipio Boyeros, acusado de querer participar en la peregrinación religiosa que con motivo del día de la Navidad convocó la Iglesia Católica en esta capital.
Nosotros, dijo Torres, vamos a continuar la lucha pacífica por la democracia en Cuba, que no piense el DSE que porque nos mete injustamente en las oscuras e insalubres celdas de 100 y Aldabó vamos a detenernos, que ni lo sueñen.
Cuando se le preguntó cómo era por dentro el DTI de 100 y Aldabó, el coordinador del PD30N dijo:
Es tenebroso, aquello no es un lugar para encerrar seres humanos y mucho menos por defender ideas sin cometer ningún acto de violencia. Incluso, para los criminales comunes considero que es una tortura confinarlos en aquel sitio. Porque aquellas celdas oscuras apenas tienen un respiradero de dos franjas de unos cinco centímetros por donde no penetra ningún aire y deja pasar casi ninguna claridad, un pasillo que uno tiene que caminar de lado, la letrina dentro de la celda, la luz eléctrica la ponen brevemente a la hora de comer, luego la oscuridad, pero en las noches la encienden hasta las diez.
Torres prosigue denunciando: en aquellas celdas uno no puede ver bien a la persona que tiene a su lado, ni sabe que sucede afuera, ni que hora es, te desorientan totalmente. Es algo horroroso a lo que el DSE somete intencionalmente a personas decentes por el sólo hecho de no coincidir con las ideas y los métodos del Partido Comunista de Cuba, cuyo líder máximo es Fidel Castro.
Quiero agregar (continúa Torres) que el mundo debe conocer que en ese tenebroso lugar, en el DTI de 100 y Aldabó, a pesar de todos los maltratos a que se someten a los resistentes cívicos cubanos, allí, en el corazón del terror, en la sede del atropello, los disidentes hacen oír sus voces dando vivas a los derechos humanos, a la democracia, a la libertad, y es frecuente oír el grito de "libertad para los presos políticos", y precisa: esos gritos son permanentes y frecuentemente también se suman las voces de los presos comunes cansados ya de tantos desmanes."
"Pronto hará un mes que el doctor Oscar Elías Biscet, de la Fundación Lawton de Derechos Humanos, se encuentra detenido. Tres días después de que Fidel Castro dijera públicamente que Biscet tenía problemas psiquiátricos, el promotor de la desobediencia civil pacífica fue conducido al Departamento Técnico de Investigaciones, en 100 y Aldabó, en el municipio Rancho Boyeros.
Llama mucho la atención el que una persona, a quien el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros haya calificado de loca, sea encarcelada en 100 y Aldabó. Ese no es un lugar para dar atención especializada a alguien con "problemas psiquiátricos". Muy por el contrario, ése es un lugar en donde cualquiera corre el riesgo de desequilibrarse mentalmente.
100 y Aldabó tiene un aspecto agradable por fuera, pero adentro es horrible. En 1995 estuve allí durante 19 días. Las celdas son prácticamente tapiadas, sólo entra un poco de claridad y aire a través de tres ranuras de aproximadamente unos cinco centímetros de alto por 40 de largo que dan al exterior. Pero por ahí no se puede mirar, porque están construidas en forma de "V" invertida.
Las camas son de hormigón, cuatro empotradas a las paredes. La "colchoneta" es de malangueta o quizás de guata, pero tan sucia y con tanta peste que es mejor no tener ninguna. Obtener una sábana es algo muy difícil. El agua para beber se coge, en los pocos momentos en que hay, del mismo lugar donde se hacen las necesidades fisiológicas. La comida es la cuota mínima para que no mueras de hambre, y siempre te la dan fría. Una vez a la semana te llevan a tomar el sol durante quince o veinte minutos en una especie de jaula de tigres: sólo una puerta en el techo, muy alto, atravesada por gruesas cabillas de acero.
La visita de los familiares son diez minutos a la semana, y no pueden traerte ningún tipo de alimento. Los policías te roban todo lo que pueden. A mí me robaron un cepillo de dientes nuevo que me llevó mi familia entre las cosas de aseo personal.
Los interrogatorios son a cualquier hora y en cualquier momento. Hay maltrato físico. Recuerdo a un señor en una celda vecina, que gritaba que estaba tuberculoso y que él no podía permanecer internado de esa forma porque le faltaba el aire. Los carceleros llegaron y se lo llevaron para una denominada celda de castigo. El infeliz iba por el pasillo dando todo tipo de gritos de dolor, y quejándose de los golpes que iban propinándole los policías. Luego supe que lo desnudaron y lo lanzaron a una celda donde no existe siquiera una cama empotrada en la pared.
Allí la atención médica parece no existir. Estuve tres días solicitando ver a un médico. Nunca me llevaron a una consulta médica. Padecí allí, entre otras dolencias, de pulmonía y perdí más de once libras de peso corporal en unos días. Algunos reclusos se tragaban parte de la cuchara para que los llevaran a un hospital y ser intervenidos quirúrgicamente. Escuché más de un comentario de los carceleros sobre el particular. Por ese motivo, parece ser que ya las cucharas para la comida las tenían sin cabo.
En 100 y Aldabó, según las leyes penales de Cuba, pueden mantenerte seis meses bajo investigación. En una de esas celdas alguien había escrito en el techo: "Dios mío, tú que todo lo puedes, sácame de aquí".
A Oscar Elías Biscet quizás lo mantengan varios meses en las terribles condiciones de ese centro penitenciario. Esperamos que salga de ahí sin sus facultades mentales atrofiadas. Porque en 100 y Aldabó puede ocurrir cualquier cosa."
"Ese es un lugar de celdas tapiadas. En verano el calor ronda los 40 grados centígrados. Un día, en un calabozo cercano, un hombre comenzó a gritar que él no podía estar en esas condiciones de encierro porque era tuberculoso. Lo trasladaron para otra celda con iguales condiciones. Un rato después el infeliz comenzó a llorar y a pedir auxilio. A los pocos minutos llegaron dos policías y comenzaron a golpearlo. Y dijeron que lo iban a trasladar a una celda de castigo.
Cuando fui sacado para un interrogatorio, casi al instante de los carceleros haber cumplido su tarea, vi a uno de ellos que le mostraba el puño derecho de donde salía un hilillo de sangre a su camarada, a la vez que le decía: "Parece que ese maricón me cortó con un diente".
Me pareció increíble que en 100 y Aldabó pudiera haber otras celdas aún peores. Luego supe que en las llamadas "celdas de castigo" no existe ni siquiera la cama de hormigón, empotrada en la pared, que hay en los calabozos comunes. Además, a los castigados los lanzan ahí totalmente desnudos.
Cuando salí de ese sitio, afectado de neumonía, estaba tan flaco que la enfermera de la policlínica me decía que no tenía idea de donde iba a ponerme las inyecciones de antibiótico que un médico de ese mismo lugar me había recetado."
Testimonio No.
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Autor:
Entrevista a Leonardo Miguel Bruzón Ávila por José A. Fornaris.
"El tratamiento desde el primer momento de mi detención fue antihumano, hubo ensañamiento con mi persona. Después de encerrarme durante unos días en una celda tapiada, me trasladaron para un calabozo de castigo, donde me mantuvieron ininterrumpidamente esposado a la reja durante cuatro días. El suelo estaba inundado permanentemente, el nivel del agua me daba por debajo de las rodillas. Lo califico como un acto de tortura física contra mi persona. He oído decir que esos métodos no se usaban en Cuba desde el año 1990, pero en mi caso se utilizó ese método. También conocí que se le aplicó a otras personas, igualmente por razones políticas.
El diez de diciembre, estando en la celda 240, en el segundo piso, por dar vivas a los derechos humanos y gritar: "¡libertad para Cuba!", fui sacado de la 240 y trasladado a lo que uno de los militares que me conducía llamó: "el cuarto frío". Allí, en un pequeño recinto, me quitaron la ropa y bajaron la temperatura del lugar. Permanecí dos días en el llamado cuarto frío. Me puse muy mal de salud. Al segundo día me sacaron y varios oficiales de la Seguridad del Estado me llevaron al hospital militar Carlos J. Finlay, donde estuve seis días. Estaba en huelga de hambre, me amarraron a la cama, me suministraron sueros y me alimentaron forzosamente por un levín (tubería de goma que se introduce por la nariz). Al hospital llegué inconsciente. Cuando volví en mí, empecé a gritar que me quitaran todo eso, entonces, aparecieron unos oficiales de la Seguridad del Estado y me dijeron que no, que ellos no iban a permitir que me pasara nada, que yo no podía morir, que ellos ordenaron que se mantuviera el tratamiento.
Respecto a mi brazo izquierdo, es que permanecí mucho tiempo con las manos en alto, esposado. Tengo mucho dolor en el hombro y en la zona del pulmón izquierdo. Desde que me esposaron cuatro días a la reja comenzó este temblor. Yo pienso que es producto de la humedad y del agua que había en aquel calabozo, pero el problema se agravó luego que me encerraron en el cuarto frío."
"Cuando el detenido llega al centro del Ministerio del Interior, no importa que sea Villa Marista o 100 y Aldabó, los dos en Ciudad de La Habana, ya los interrogadores están al asecho.
Por su parte, la víctima es introducida en la guarida de sus captores, esposada, custodiada y bien asegurada, para el manjar que de ella hará el oficial interrogador, porque no tendrá derecho a tener la asesoría de un abogado hasta que no se le haya terminado de realizar el expediente judicial con todas las acusaciones en su contra. El detenido (la presa) se enfrenta así a un conocedor de las leyes, los documentos jurídicos y demás regulaciones que apoyarán el proceso en su contra, sin que tenga a su favor la ayuda elemental y necesaria de un asesor.
Durante el tiempo del interrogatorio (que pude ser de semanas, meses o incluso más de un año, como en el caso del Sr. Gross) el detenido es encerrado en unas celdas de no más de tres por tres metros, de color preferiblemente blanco para afectar su visión, con la luz encendida día y noche, con horarios entre las comidas frías y mal confeccionadas tan irregulares que llega el momento en que no sabe si la cosa que está por comer es el desayuno, el almuerzo o la comida. De esta forma pierde el reloj biológico que todo ser humano posee.
Cuando es llevado al cuarto de interrogatorios, de unos dos por dos metros, debe enfrentar temperaturas extremadamente frías. En este reducido espacio hay un aire acondicionado de una tonelada, por lo que se convierte en un congelador. Ahí puede permanecer horas enteras y si por casualidad expresa su deseo de que suban la temperatura, el interrogador le hace saber que los controles no están en la pequeña habitación, sino fuera, y que no es posible. Este interrogador sí está bien abrigado, pero el reo, por el contrario, está con una simple camisa de verano o una camiseta. De esta forma, a punto de congelarse, se desarrolla la interrogación.
Cuando le conceden una visita semanal con sus familiares más cercanos lo debe hacer en presencia de un oficial, el cual no deja que se hable nada relacionado con el proceso que enfrentará; si lo hace, la visita puede ser suspendida inmediatamente, así que ni siquiera puede enviar recados con su familia al abogado para que vaya buscando las pruebas y testigos que lo puedan ayudar.
Pero lo peor está por venir: durante su estancia en el centro de detención es sometido también a técnicas psicológicas encaminadas a destruirle su autoestima, su moral y sus principios, y le son suministrados medicamentos que apoyan estas técnicas.
El general (esbirro mayor) Adalberto Rabeiro García es el jefe de la División de Investigaciones Criminales del Ministerio del Interior, este sujeto es el autor del empleo de todas las torturas y métodos que sufren los detenidos cubanos.
El General Rabeiro es quien ordena, según el interés estatal sobre el reo, el empleo de técnicas como drogas y otras variantes desarrolladas por el Dr. Enrique Grenet, quien laboraba en el Instituto de Hipnosis de Cuba y el Hospital Psiquiátrico de La Habana y quien en ese lugar experimentó con los pacientes diferentes medicamentos para destruirlos psíquica y moralmente, y estos métodos son hoy empleados en los centros de detención que dirige.
Yo sé bien de esto porque estuve detenido en 100 y Aldabó por más de dos meses y sufrí en carne propia lo que hoy aquí les relato."
"En horas del mediodía del sábado seis de noviembre, el ex-oficial del DSE, Jorge Marín Matos, fue detenido en la barriada de Alamar, Municipio Habana del Este, por oficiales de la policía política del gobierno de Raúl Castro y conducido hacia una casa operativa de la Seguridad del Estado, y posteriormente al centro de retención de la Dirección de Investigaciones Criminales y Operaciones (DICO), ubicado en 100 y Aldabó, Municipio Boyeros.
Una vez detenido y confinado en la celda numero 335, y sustituido su nombre por una numeración consistente en 50862, inicio su estancia en dicho centro donde tendría que enfrentar las particularidades de un tiempo que hubiera podido haber sido muy prolongado, teniendo en cuenta que sus captores le auguraban una larga condena en prisión.
Marín permaneció sin tener conocimientos de cargos imputables durante 24 horas, reclamando de manera insistente los motivos legales de su detención. Fue así que en fecha siete de noviembre a las 21:00 horas, es trasladado para un cuarto de interrogatorio, el instructor judicial del DSE, Teniente Coronel José Ángel Martínez, le notifica personalmente que estaba detenido por un supuesto delito de tráfico de drogas.
Desde un inicio, Marín comunicó que iniciaba una huelga de hambre motivada por el reclamo a sus derechos, así como exigiendo su libertad inmediata, sin que recibiera la más mínima atención. Pese a los incipientes días de inanición, Marín continuó siendo sometido a interrogatorios, cuyo contenido era ajeno al amañado tráfico de alcaloides, apreciándose notable interés en sus relaciones y vínculos profesionales con la prensa independiente, así como artículos periodísticos hechos por él con anterioridad, donde pone en descubierto planes represivos de la Seguridad del Estado contra la oposición política, citando entre ellos el conocido Plan Lucero.
Días después, los interrogatorios continuaron y el interés de la investigación giró notablemente sobre un tema novedoso: ahora el detenido era visto con especial proclividad para cometer un atentado personal contra la vida del presidente Raúl Castro. Desde esta preocupación se le increpó sobre posibles sitios o escondrijos donde Marín pudiera haber dejado armas que con anterioridad había poseído.
Pese a tantos reclamos, el sufrimiento del detenido se prolongó, haciéndose caso omiso por parte de las autoridades ante su huelga de hambre, que alcanzaba numerosos días y sin esperanza alguna de conocer que pasaria en lo adelante. Los intereses investigativos que se manejaban eran demasiado delicados: trafico de drogas, atentado personal contra la vida del Jefe de Estado y explosivos; cargos o requerimientos suficiente para ser confinado en prisión dada la incertidumbre y los temores que reinan en la vida política del país.
El día 19 de noviembre el estado de salud de Marín empeoró, presentando nauseas con reflujo gástrico sanguinolento, motivo por el cual fue trasladado de urgencia hacia el cuerpo de guardia del Hospital Nacional, originándose allí una inminente confrontación debido a sus negativas de ser hidratado. El jefe de la especialidad de cirugía le trató despectivamente, argumentando que pudieran ser vómitos provocados para mejorar su situación, ignorando el motivo real del detenido."
¨Lo sentimos, pero lamentablemente el señor Betancourt acaba de morir de un infarto.¨, fue la noticia que le dio el instructor penal Evert a la consternada familia del detenido, el pasado 31 de julio.
Bajo sospecha de narcotráfico el Sr. Jorge Betancourt, de 52 años de edad, fue arrestado en su domicilio el día 20 del mes pasado y asegurado en el Centro Nacional del Departamento Técnico de Investigación (DTI), en 100 y Aldabó, Ciudad de la Habana, donde lo sometieron a reiterados interrogatorios.
A la semana tuvo visita familiar de 10 minutos y, según cuenta su viuda, lo encontró demacrado, con notable pérdida de peso, muy nervioso y deprimido. Él les contó que no resistía las condiciones del encierro, que no comía por falta de apetito y que apenas podía dormir.
Alarmados por el evidente deterioro de su salud y los antecedentes de cardiopatía isquémica e hipertensión arterial, los familiares de Betancourt pidieron a los oficiales que consideraran la posibilidad de cambiar la medida por arresto domiciliario y, de ese modo, facilitarle una atención médica adecuada aunque siguiera bajo proceso de investigación.
La respuesta de los militares fue que tal solicitud no dependía de ellos, sino que esas decisiones solo competían a la fiscalía. También le aseguraron a la familia que no debían preocuparse, pues contaban con asistencia médica en el Centro.
Según la versión de los oficiales, tres días más tarde Jorge Betancourt presentó intenso dolor precordial acompañado de adormecimiento del brazo izquierdo. Lo sacaron de la celda y llevaron caminando para el hospital Nacional, a unas 15 cuadras de distancia. Refirieron, además, que durante el trayecto conversó normalmente y hasta se rió de algunas bromas. Luego, en la mencionada institución de salud se agravó su cuadro y finalmente los médicos certificaron su muerte.
Asumiendo por verdadera la historia contada por los oficiales respecto a las circunstancias en que murió el recluso, se plantean varias interrogantes: ¿por qué si tienen vehículos a su disposición en el D.T.I. sometieron al enfermo a una larga caminata hasta el hospital?, ¿no se comprende cómo una persona infartada se comporta normalmente e incluso se encuentra de buen ánimo para conversar y reírse de los chistes?, ¿cuál es la capacidad profesional de los médicos del Departamento que ante la sintomatología de la víctima ni siquiera sospecharon su condición de gravedad?
A pesar de la férrea censura de la información en Cuba, durante los últimos meses se ha conocido de otros reos muertos bajo custodia del Gobierno.
En todos los casos los familiares llevan a cuesta el dolor por la pérdida de sus seres queridos y el sufrimiento de que las autoridades del Gobierno, hasta ahora, no les brindan el beneficio de la justicia, ya que los militares con responsabilidad por las muertes de los reclusos no son juzgados y todos gozan de impunidad.
Las evidencias expuestas indican que estamos en presencia de una política oficial establecida por las altas esferas del r égimen para conservar el poder a toda costa, sin escatimar en el empleo del terror. Situación contrapuesta a los reclamos de abrir una investigación acerca de las circunstancias en que murieron esos seres, sancionar con apego a las leyes a quienes sean hallados culpables y la adopción de medidas jurídicas y mecanismos para que en lo adelante no se repitan ese tipo de hechos criminales.
El viaje de visita a sus familiares del cubano Enrique Jorge Paneque Garrido se le transformó en una pesadilla al llevar pocos días de estancia en la Isla, luego de sufrir varios incidentes que lo condujeron a la cárcel.
Su mala suerte comenzó cuando lo timaron unos desconocidos con 80 CUC falsos, después fue arrestado por una denuncia anónima que recibió la policía, y los oficiales del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) le robaron sus prendas cuando efectuaron un registro en el domicilio de su mamá donde se hospedaba. Actualmente lleva cinco meses preso y espera juicio en la cárcel Valle Grande, acusado de falsificación de monedas.
Paneque Garrido es un joven de 29 años que reside en los EEUU desde el 2003. Viajó a Cuba el 1ro de octubre de 2009. Al día siguiente de su llegada fue a la casa de cambio (Cadeca) que está ubicada en la esquina de Zanja y Belascoaín, en busca de cambiar algunos dólares americanos por CUC, que es la moneda autorizada en las tiendas que venden sus productos en divisas. Dos individuos lo interceptaron en las proximidades del lugar y le ofrecieron un precio más conveniente que el fijado por la Cadeca. Dudó por unos minutos, pero terminaron convenciéndolo y compró 400 CUC.
De regreso a casa de su mamá se dio cuenta que entre el dinero que compró a los dos individuos habían cuatro billetes falsos de 20 CUC. Esa situación le provocó una gran molestia, pero optó por olvidar la pérdida, apartó el dinero falso de su billetera y lo guardó en un bolso viejo que su mamá ya no usaba. Y continuó concentrado en sus planes de divertirse y disfrutar de su estancia en La Habana.
El lunes, día 5, mientras compartía en el malecón con varios amigos de la infancia y otros conocidos, comentó lo que le sucedió días atrás cuando le compró el dinero a los dos extraños y resultaron ser estafadores. A la mañana siguiente lo despertaron varios oficiales del DTI con una orden de registro. Los militares revisaron toda la casa y ocuparon los cuatro billetes falsos. Al joven cubanoamericano lo arrestaron y condujeron para la sede nacional del DTI, en 100 y Aldabó.
Enrique Jorge permaneció en las escalofriantes celdas tapiadas de esa institución por veinte días, sometido a interrogatorios sin derecho a disponer de un abogado, y compartiendo el reducido espacio, de tres metros de largo por dos de ancho, con delincuentes comunes. En esas condiciones se enteró de que sus prendas de oro, valoradas en seis mil dólares, habían desaparecido del closset de su casa el día del registro. Eran dos cadenas, dos manillas, cuatro sortijas y un reloj marca Citizen. La policía no ha dado explicación alguna sobre esa situación.
En varias ocasiones le pidió al instructor de su caso un reconocimiento hablado para intentar por esa vía localizar a los estafadores. También recomendó el chequeo de las cámaras que hay instaladas cerca de la Cadeca, donde realizó la compra del dinero a los desconocidos. Lejos de tomar en cuenta la petición del detenido, los militares a cargo de la investigación trataron de obtener una declaración aceptando que él se dedicaba a falsificar monedas, y como no les resultó lo trasladaron para la cárcel Valle Grande en condición de preso preventivo.
La familia del joven pudo contratarle abogado a un precio de tres mil dólares (75,000 pesos cubanos). La abogada, de nombre Yaquelín, le ha confesado a estas alturas que, analizando la carencia de pruebas de la Fiscalía que lo incrimine de algún delito, no sabe por qué lo tienen preso, y que ella no puede hacer nada. Además, por su parte ella consiguió catorce testigos que trabajan en varios de los lugares visitados por su cliente, que reconocen que en ningún momento él pagó con dinero falso y recuerdan que hizo compras de cientos de CUC. Algunas de las instalaciones referidas son:
- Centro nocturno La Macumba
- Restaurante La Cecilia
- Discoteca del Hotel Dubil
- Restaurante del Barrio Chino
- Playa Mar Azul
El cubano Enrique Jorge Paneque Garrido se encuentra confinado en condiciones deplorables, ni siquiera tiene garantizado atención médica para su padecimiento de Diabetes Mellitus y considera que el proceso penal que le siguen las autoridades cubanas no cumplen con las mínimas garantías jurídicas.
Moraleja
¿Aprendera la leccion el joven Paneque?
No se puede bailar en casa del Trompo, ni se puede incurrir en acciones fraudulentas y mucho menos hacer "turismo" en Cuba.
Los cubanos estamos en la obligacion de
facilitar la salida del pais a nuestros familiares.
A pesar que estoy en contra del envio de divisas
a Cuba, es preferible enviar el total del dinero a
la familia que vacilarlo en discotecas, restaurantes
o cualquier centro nocturno. Enrique Jorge Paneque
Garrido salió de la boca del lobo en el año 2003.
Casos como estos, Juan Jose Alonso, ex-seminarista
cubano, podria sentenciarlo con esta frase:
"Me extraña que siendo araña, te caigas de la pared"
No hay que ser detective para saber que
a Paneque Garrido lo denunció alguno de los "amigos" que compartieron con el aquel lunes día 5.
La Frase de la Semana:
"Del mismo modo que cayó
el Muro de Berlín de forma pacífica
y la Unión Soviética se desmoronó sin necesidad de derramamiento
de sangre, todas las guerras, conflictos y maldades de este mundo, literalmente se desmoronarán
ante nuestros ojos
de forma pacífica y misericordiosa"